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TRUFA NEGRA, ¿CIENCIA Ó MISTERIO?

La trufa negra un mundo de sorpresas.

Durante la segunda mitad del siglo XX, la Ribagorza Oscense, fue un territorio extraordinariamente prolífico de Trufa negra, hecho que provoco algunas apariciones de trufas en lugares inverosímiles.

El municipio de Capella, cuenta con una ermita situada a escasos 3 km dirección Bonansa. La ermita de Miralpeix, probablemente fue la capilla de un caserío hoy día desaparecido. Se trata de una pequeña construcción del siglo XII. Consta de una nave rectangular cubierta con una bóveda de cañón. Un ábside de tambor cerrado por una bóveda de cuarto de esfera. La bóveda está cubierta de losas de piedra y las paredes  hechas con sillares irregulares. Curioso edificio, testigo de épocas pasadas y un buen ejemplo del abundante estilo románico que impera en el territorio.

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La historia cuenta que un buscador de trufas de las poblaciones vecinas, solía pasar con relativa frecuencia por la ermita. No era de extrañar, alrededor de la misma había unos robles  muy generosos en trufas.

Un buen día al pasar junto a la ermita, observo que la perra se detenía bajo la pared y  marcaba en lo alto, la perra ladraba sin cesar.  El trufero no podía creer que allí hubiera algo y no hizo el menor caso a la perra. La semana siguiente paso de nuevo junto a la ermita y la perra insistía de nuevo y el hombre empezó a sospechar, y si mi perra esta en lo cierto y si hay una trufa allá arriba. Pero como va a haber una trufa encima de un muro a dos metros del suelo y si el árbol más cercano a la ermita se encuentra a varios metros.

No dudo más y dijo mañana cuando me levante, cogeré una escalera y me la traeré para ver si hay o no hay trufa.

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Aspecto actual de la ermita vista noreste.

A la mañana siguiente, el trufero había añadió un elemento nuevo a su instrumental habitual de trabajo (morral, machete y perro). Miraba la escalera y se preguntaba;  será una broma que me está gastando la perra o es un milagro.  La perra observaba a su dueño pensativo, algo estaba pasando y no sabía el que. Cuando la perra entendió que se aproximaban a la ermita se le despejaron todas las dudas, y pensó; si no hay una trufa quizás me abandone o me cambie por otro perro, pero si encuentra una trufa tendré tan buen premio que en los próximas semanas comeré como una reina.

Mientras se aproximaban a la ermita, empezó a correr algo de viento en dirección a ellos, lo que hizo que la perra pudiera reconocer el olor que desprendía aquella pared en lo alto. La perra volvió a ladrar y corrió hacía la pared, se detuvo justo debajo, donde venia el más fuerte olor a trufa.

El trufero, observaba como la perra volvía a ladrar y apoyaba las patas delanteras sobre la pared. En breves segundos, hizo lo propio con la escalera,  empezó a subir en busca del premio y poder así confirmar si era una broma  o un regalo que le tenía preparado la naturaleza. La perra lo miraba como se encaramaba en lo alto de la pared ayudado por la escalera y empezaba a buscar la manera de sacar las losas que cubrían la parte alta del muro.  Saco varias losas para hacer sitio y poco a poco entendió que estaba como en un sueño pues cada piedra que movía para poder alcanzar su objetivo, podía sentir  los efluvios aromáticos de la trufa y que estos eran cada vez más fuertes.

Estuvo varios minutos para poder hacer hueco en la pared y poder acceder donde el olor era más intenso, al trufero le pareció que habían transcurrido varias horas pues estaba tan impaciente que su mente solo quería confirmar si el exuberante aroma a trufa se correspondía con una trufa de verdad o todo le que le estaba sucediendo era un maquiavélico sueño. De repente volvió a soplar el aire y el aroma volvió a entrar en su nariz, de forma que el mismo entendía no podía ser un sueño, pues escuchaba a su perra ladrando debajo de él. La perra no apartaba la mirada de su dueño, le aguardaba para certificar si había trufa o no.

El muro, en la parte alta y central, estaba relleno de piedras calizas de menor tamaño para cubrir y completar el mismo. Con el paso del tiempo se había conformado un interesante hueco. El trufero se dispuso a sacar la piedra que tapaba el hueco de debajo de ella, al hacerlo casi desmayo del intenso y afrodisiaco aroma, fue como  destapar una caja que lleva esperando toda la vida que alguien la abra. El trufero disfrutó del potente aroma y le permitió observar el tesoro que estaba buscando con tanto anhelo. Antes de sacarla del lecho de arena y tierra, la observo y disfruto de ese regalo que le estaba brindando la naturaleza.

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Cogió la trufa y se la mostro a su perra para hacerle saber que una vez más, felizmente,  habían conseguido el premio.

La trufa, un autentico regalo de los 4 reinos de la naturaleza; mineral, vegetal, animal y humano.

 

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