GUARA.BIO  “UN PROYECTO VERTEBRADOR”

GUARA.BIO  “UN PROYECTO VERTEBRADOR”

La manera y el modo de producir alimentos, el dónde y con qué intereses se cultivan no es un problema político es un problema de finalidad. Las situaciones que acontecen en lo cotidiano se deben observar desde un plano espiritual, intelectual, cultural, un enfoque colectivo que permita tener una mirada más certera de la dimensión de los actos y consecuencias de nuestras acciones.

Los gestos que hacemos por el planeta son operativos a la medida y consciencia que tenemos del planeta. Cada ser humano es una pieza fundamental, estar en la consciencia del lugar donde vivimos y de todo el conglomerado de lugares que conforman el planeta es una posición que nos refuerza y nos complementa hacia aquellos que viven en la individualidad y el colectivismo.

Campos en el fondo del valle, Lúsera y su igelsia de San Miguel en lo alto.

Hoy hablamos de una población que se abandonó definitivamente en el año 1968. Lúsera, pertenece al municipio de Nueno en la Comarca de la Hoya de Huesca, se alza sobre el camino que conduce a Nocito, en un promontorio sobre un pequeño valle atravesado por el río Flumen. Esta localidad sufrió las consecuencias del cambio de sociedad en el siglo XX, donde el mundo rural sucumbió ante la sociedad capitalista industrializada. La ganadería extensiva se vio desplazada por la aparición de una agricultura intensiva en el llano, que a su vez favoreció la proliferación de la ganadería intensiva. Si a esto le añadimos la pérdida del valor de la lana y la desaparición progresiva de la trashumancia la situación forzó que muchas poblaciones perdieran gran número de habitantes o se abandonaran definitivamente. Y si faltaba algo más, fue el mazazo de la construcción de embalses, expropiando tierras vitales para la vida de los pueblos y llevando el agua a la tierra baja.

Mallata y huerta de Lúsera a orillas del río Flumen.

Tristemente, las administraciones han favorecido y son el principal promotor de la desvertebración, la comunidad aragonesa es uno de los ejemplos más sangrantes de un error de graves consecuencias por su impacto en el territorio rural con decenas de poblaciones abandonadas.

Pero la vida también nos da alegrías, hay personas que con su inquietud y el compromiso con la tierra, más allá del interés especulativo y el orgullo, desarrollan y ponen en acción proyectos como el que se está gestando en Lúsera. Un buen día, hace algo más de un lustro, Adrián Cuello me hizo saber del proyecto que Ricardo Buil promovía en el Parque de Guara y como no podía ser de otra manera me comprometí en buscar y facilitarle un buen número de semillas locales.

Calabacín blanco de Panzano.

Ricardo alquiló el monte de Lúsera para recuperar parcelas y devolver la vida a un territorio que llevaba cerca de medio siglo en silencio. Gesto encomiable por la transcendencia que tiene y por el sentido de compromiso y responsabilidad hacia la singularidad y la identidad del territorio.

La acción ha permitido la limpieza de zonas de monte intransitables, recuperar caminos, rescatar frutales autóctonos, recobrar la diversidad de hierbas aromáticas y medicinales y poner en marcha la huerta de Lúsera con semillas tradicionales.

La huerta funciona en ecológico, actualmente Adrián cultiva un importante número de semillas que forman parte del patrimonio alimentario de la huerta altoaragonesa. Cito algunas de las semillas que he donado para que a través de este proyecto sigan estando vivas en la huerta y presentes en las mesas; Calabaza de rabiqué de Castissent, Judía de careta de Lecina, Judía verdeña de Barcabo, Boliche rojo de Aratores, Calabacín amarillo de Panzano, Judías rastrojeras de la Hoya y Guija de Lecina.

Vainas y flores de judías de careta de Lecina.

La tierra, el agua y el aire de Lúsera confieren a la hortaliza y la legumbre en este singular paraje, matices y singularidades que creía se habían perdido para siempre.

Estar en la consciencia de un lugar y apoyar con la compra pasa por una decisión y una acción, dos aspectos clave que permiten ser parte de este proyecto vertebrador “Guara.Bio”, que comenzó hace poco más de un lustro y ya es una realidad y un ejemplo a tomar en cuenta.

Gracias Adrián, gracias Ricardo por hacerme partícipe de esta experiencia.

 

                     Cambiando el hábito de comer, cambiamos el mundo.

 

 

 

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