UN NUEVO TIEMPO EN EL PLANETA 

UN NUEVO TIEMPO EN EL PLANETA 

La vida es corazón, sobrecoge ver que hay corazones que para reblandecerse tienen que pasar las cosas más atroces. La vida suspira a los seres humanos volver a sacar la sencillez y la sabiduría de cada uno, esa chispa que está dentro de nosotros y que durante el final del siglo XX y principio del siglo XXI casi hemos dejado apagar.

Seguir haciendo lo mismo no traerá nada bueno, continuar caminando en la misma dirección sin hacerse preguntas muestra la peor faceta de cada uno.

El respeto a la vida, a la conciencia humana y al planeta no puede verse doblegada por aquellos que su única ambición es su ego personal. La sociedad actual esta adormecida ante los ombligos con patas, esas personas que viven la faceta del individualismo en su jaula de oro y no se atreven a asomarse al paraíso del mundo colectivo. Es el momento de hacer mucha pedagogía y de mostrar, vivir y habitar los valores humanos en lo más profundo de nuestro ser.

El ser humano es la conciencia del planeta, tenemos la libertad y la capacidad la gran mayoría para decidir por nuestras acciones, por el devenir del conjunto de la población y por salvaguardar el planeta. Asistimos y observamos como el ego, el poder y el dinero nos ha llevado a un callejón sin salida. El individualismo y el afán por amasar bienes constituye una prioridad que nunca llega a satisfacer a los que entran en ese camino, parece que el único Dios es el dinero en la sociedad moderna.

Es demoledor ver la falta de integridad de la gran mayoría de los representantes políticos, la falta de empatía de los millonarios, el adoctrinamiento de muchos medios de comunicación y la falta de escrúpulos del poder ante la pobreza y los más débiles.

De que sociedad moderna estamos hablando, que ejemplo podemos dar a los jóvenes y los niños, cuando la culpa siempre es del otro y el respeto se ha ido de viaje. El acomodo campa a sus anchas a nivel general, mientras el compromiso solo está consigo mismo, a la vez que los problemas individuales y las necesidades colectivas son responsabilidades de otros.

¿Dónde están los principios y valores que cualquier sociedad debe transmitir a los niños? “en un cajón”. La verdad “Es”, pero tristemente nunca había estado tan manida y torticeramente utilizada. Es mejor contar mentiras y convertir a la sociedad en un bochornoso espectáculo donde la competencia sin escrúpulos y la mentira son el único acicate para salir adelante. Cualquier humanista, hoy se pregunta el estado en el que se ha convertido la sociedad por culpa de la ideología, la energía de división, el fanatismo y los nacionalismos ante la falta de escucha en el diferente.  

Hoy no se prima el rigor, el esfuerzo, el saber hacer, la sencillez, la bondad, la dulzura, la tolerancia, la humildad, la paciencia, la benevolencia, se premia la incompetencia, el amiguismo, la mediocridad y la falsedad. Ese es el lema, “no servir para nada y querer mandar en todo”.

La corrupción, el monopolio de la industria alimentaria, las guerras, los intereses y negocios oscuros, la destrucción de la naturaleza, el sufrimiento de los animales, la falta de principios ante la inmigración y ahora los fuegos. Es la gota que colma el vaso este verano y la culpa es del cambio climático. Alguien está haciendo reflexión de la buena y está analizando la causa del cambio climático. Parece ser que muy pocos y los que deberían hacerlo, miran con una visión torpe y negligente.

El origen del cambio climático nos llevaría mucho tiempo y seguramente sería difícil llegar a un acuerdo de los principales motivos que lo han generado, pero de lo que si estoy seguro es que la vida se puede y debe gestionar de otra manera, con otras bases, para que el orden y el equilibrio sea una consecuencia de un mensaje unitario fruto de un dialogo y comunicación precisa donde la opinión de todos y cada uno sea tenida en cuenta.

Hoy el planeta esta falto de lideres, de personas carismáticas, es una evidencia que la sociedad en su conjunto debe comenzar a nutrir esa necesidad para que aparezcan personas que representen el juicio, la sensatez, el honor, la sencillez y el rigor en beneficio de todos. 

La sociedad del consumismo en los países ricos es insostenible, el sufrimiento de nuestros semejantes con el fenómeno de la inmigración es inconcebible y que haya seres humanos que mueren de hambre en pleno siglo XXI es inaceptable.

La vida y la cultura en torno a ella se construye entre todos, cuando no es así, la realidad se distorsiona y la verdad no es real. La transformación de la sociedad debe ser un acto colectivo de amor por la búsqueda de algo que quizás nuestra comprensión no es capaz de entenderlo ahora mismo, pero si siente que algo debe pasar cuando lo que estamos viviendo ahora ralla la locura, la desorientación social y el desconcierto humano.

Hoy hablan de incendios de 6 generación y con esto parece que está todo dicho. Algunos responsables salen ante la prensa y exclaman sin rubor, “estos incendios son imposibles de apagar”. Es cierto, en las condiciones meteorológicas actuales y después de años sin mover un dedo en la gestión y prevención de los bosques y aéreas agrícolas, solo toca esperar. Por eso, “prevenir hoy, para no lamentar mañana”, la gestión de la vida en el mundo rural debe ser una prioridad del mundo político.

Si abandonas los bosques, los bosques te abandonan. Esta es una máxima de la naturaleza. Algunos creen y tratan de hacer creer que las cosas suceden sin compromiso, sin trabajo, ni responsabilidad. Durante el último medio siglo el mundo rural está abandonado y desatendido. Asistimos a un ideario donde todo debe ocurrir en las ciudades. Demagogia pura y mentira. El éxodo rural es una fórmula y coartada orquestada por unos pocos que debe acabar. La vida en el planeta se gestionará adecuadamente si hay un equilibrio entre el mundo rural y las ciudades. Las políticas y los intereses de la industria están haciendo un gravísimo error fomentando que las personas emigren a las ciudades con el perjuicio que ello tiene en el orden y equilibrio de la naturaleza.

El poeta griego Cleóbulo de Lindos que fue uno de los siete sabios de Grecia, se le atribuye la máxima “La moderación es lo mejor”.

Vivir la vida como si fuera un péndulo es un riesgo que pasa factura, abandonar el campo, la naturaleza y los pueblos es una catástrofe, que muestra la peor cara de la sociedad moderna. Y no es suficiente con eso, que, desde el sillón, se crean estructuras como parques naturales, un modelo de producción alimentaria sujeta a los intereses de las grandes multinacionales, etc, y todo lo que no está en esa línea está prohibido, esta fórmula dogmática ha encadenado a agricultores y ganaderos, que son los verdaderos mantenedores del mundo rural durante milenios. En las últimas décadas se han creado parques para sacar fotos, para generar turismo, pero el patrimonio natural está vivo, no es como el patrimonio artístico; (catedrales, puentes, cuadros). Los parques naturales y las fincas particulares hay que hacer mantenimiento cada año. Cualquier ciudadano de una localidad rural conoce muy bien que la masa forestal que hay en las zonas rurales es mayor hoy que hace medio siglo. Todo está prohibido, durante años nadie ha podido tocar nada, salvo multa.

A ver quien enseña ahora en la sociedad como restaurar y volver a los pueblos a mantener; riberas, montes, bosques, acequias, etc,, cuando la relación y nexo de gran parte de la sociedad con la naturaleza sea roto. Este si es un tema de pedagogía y educación. ¡¡Pensar que antes los habitantes hacían gratis esta labor¡¡

Acabar con la deslocalización de la producción alimentaria, es la causa del abandono de la producción tradicional y de la contaminación de la tierra, plantas y del medio ambiente por una producción intensiva. La deslocalización de las producciones hace que la tierra se desvalorice para que la compren los grupos de inversión para especular después. Es necesario volver a la estacionalidad de los alimentos, educar sobre esta realidad que está en sintonía con la naturaleza.

Se debe dignificar y apoyar a los ganaderos que mantienen rebaños en extensivo en las zonas rurales. Ellos producen carne de la mejor calidad y salvaguardan y limpian los pastos y campos.

Hay que cuidar al agricultor del mundo rural que diversifica los cultivos, que mantiene producciones locales y que protege la biodiversidad de semillas y ofrece alimentos de la mejor calidad y con todo el sabor.

La sociedad en su conjunto debe abrir las consciencias para no cometer nunca más los mismos errores. El mayor fracaso de una sociedad moderna y culta será dejar morir los pueblos y utilizarlos solo como elemento turístico para pasar las vacaciones. La sabiduría humana sabe que ese no es el rol que a lo largo de la historia han cumplido las poblaciones rurales.

Hace faltar expulsar las mentiras con el fin de hacer triunfar la verdad. Las pasiones, la ideología utópica y el fanatismo religioso, político o de cualquier otra índole tiene consecuencias demoledoras para la especie humana.

La falta de espiritualidad y la pureza de los compromisos están haciendo fracasar a la sociedad, empezar a buscar un equilibrio en el siglo XXI donde la sociedad convenga el modelo a construir en cada rincón del planeta. Si no hemos aprendido a estas alturas a “convivir”, el sufrimiento de la humanidad está servido.

Buscar vías de entendimiento y abrir la comunicación entre diferentes colectivos, religiones y países, es la llave para que los más de 8.000 mil millones de hombres y mujeres que pueblan el planeta, puedan vivir de manera colectiva y dejen una esperanza tangible a las próximas generaciones de poder llevar una vida digna en la Tierra.

 

                     Cambiando el hábito de comer, cambiamos el mundo.

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